Leer en la escuela Testimonios

¿Qué pasa cuando Leer en Familia llega a los colegios?

Cuando los acompañantes de lectura de Fundalectura llegan a los colegios para a compañar a los docentes, bibliotecarios y padres de familia en sesiones de lectura compartida, a partir de las cuales se desarrollen relaciones amables con el libro y la lectura, pueden encontrar niños que ya están familiarizados con los libros, como Joaquín, que en el gimnasio de su jardín alzaba la voz no sólo para repetir los nombres de los protagonistas de Cuando el elefante camina (de Keiko Kasza) sino que se adelantaba, gritando con entusiasmo el nombre del animal que seguía a continuación, inspirando a sus compañeros y a los papás y mamás que participaban en la lectura en voz alta a enamorarse del cuento que él ya conocía, porque su mamá se lo había leído.

Sin embargo, los acompañantes también pueden encontrarse con mamás y docentes que hasta escucharlos habían ignorado todo lo que puede representar para los niños el sencillo acto de compartir con ellos un cuento tras otro en un ambiente cálido, íntimo. Como Elena, quien al final del primer taller con una de nuestras acompañantes soltó el llanto y confesó que la noche anterior le había dicho a su hijo “que estaba cansada, que no quería leerle y que además ese libro ya lo habían leído muchas veces y que le aburría leerlo nuevamente”. Desde entonces, Elena ha aprendido a borrar su cansancio y leerle a su hijo Carlos su libro favorito una y otra vez con la misma disposición que tenía la primera vez que lo leyeron juntos. Tras algunos meses de acompañar a Elena y a otros padres y docentes del jardín, es frecuente observar a “los niños siempre dispuestos a abrir los libros y mirarlos, a invitar al padre o madre para que los lean con ellos”, pero sobre todo a la familia de Carlos y Elena que como otras muestran “una relación de afecto y comodidad que se reflejó cuando los padres o abuelos leyeron a los niños. Una vez abierto el libro que iba a ser leído en voz alta todos los niños, hasta entonces muy cerca de sus padres o sobre sus rodillas, se abalanzaron rápidamente para escuchar y seguir el cuento. Cuando leímos Pedro es una pizza, hubo mucha risa y complicidad entre padres y niños, Carlos fue la “pizza” de Elena y los dos jugaron a seguir las acciones que el libro sugería. Al final, los dos se llevaron un buen número de álbumes y cuentos a casa”.

(Nota: los textos entrecomillados los hemos tomado de los informes de Patricia Laverde, bibliotecaria y acompañante de lectura en varios de los colegios inscritos en el programa).