Leer en la escuela Consejos

 

En su Manual de la lectura en voz alta (Bogotá: Fundalectura, 2004) Jim Trelease aconseja a profesores y padres de familia leer en voz alta frecuente y abundantemente. Este consejo se funda en resultados de investigaciones y de la experiencia propia y ajena en colegios, bibliotecas y hogares. Hemos extraído algunos apartes del Manual , libro en donde el autor reflexiona ampliamente sobre por qué y cómo leer en voz alta y los beneficios que esta actividad puede ofrecer.

  1. La lectura en voz alta es mucho más importante que los módulos, las tareas, los cuestionarios, los informes de lecturas y las tarjetas didácticas.
  2. ¿Qué tenían en común los mejores estudiantes lectores del mundo? A continuación, dos de los factores que produjeron mejores desempeños:

    • La frecuencia con que los profesores les leen en voz alta a sus estudiantes.

    • La frecuencia de las sesiones de lectura silenciosa sostenida (LSS/lectura por placer en la escuela). Los estudiantes con sesiones diarias de LSS obtienen puntajes mucho más altos que quienes tienen solo una sesión semanal.

    (…) La lectura en voz alta constituye el mejor estímulo para fomentar el gusto por la lectura en cualquier lugar del mundo donde se realice: el hogar o el aula de clase. Es el catalizador para que todo niño quiera leer por sí mismo y suministra los cimientos de la lectura al nutrir su capacidad de escucha. La comprensión oral (escucha) aparece antes que la comprensión lectora.

    Consideremos, por ejemplo, la palabra “enorme”. Si un niño nunca ha escuchado esta palabra es poco probable que la pronuncie algún día. Y si no la ha escuchado o pronunciado, imaginen la dificultad cuando llegue el momento de leerla y escribirla. El vocabulario escuchado es el depósito de palabras que alimenta el vocabulario del habla, el de la lectura y el de la escritura, todo al mismo tiempo.
  3. Recuerde: el arte de escuchar se adquiere. Debe enseñarse, cultivarse, gradualmente. No se adquiere de la noche a la mañana.

  4. Dé a sus oyentes unos minutos para que se relajen y estén en disposición mental y física de oír la historia. Si está leyendo una novela pregunte qué ocurría en ella al final de la sesión anterior. El estado de ánimo es un factor importante al escuchar. Un autoritario “¡Paren ya y cálmense! ¡Siéntense derechos! ¡Pongan atención!” creará una atmósfera poco receptiva.

  5. Dé tiempo para conversar sobre la lectura una vez haya acabado de leer, tanto en casa como en clase. Un libro suscita pensamientos, esperanzas, miedos y descubrimientos. Permita que afloren y ayude al niño a que los maneje a través de expresiones verbales, escritas o artísticas, si el niño se inclina a hacerlo. No convierta estas discusiones en exámenes ni obligue a los niños a que den su propia interpretación de la historia.

  6. Disponga un momento del día, ya sea en el hogar o en la clase, para que el niño lea por sí mismo (incluso si para él “leer” sólo significa pasar las páginas y ver las ilustraciones). Todo el estímulo de su lectura en voz alta se echará a perder si el niño no tiene tiempo disponible para practicar.

  7. No lea historias que usted no disfrute. Su disgusto podría ser notorio y afectar su propósito.